MetanoRock - Letras de Canciones
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Y la Bersuit celebró


El recital arrancó con un set murguero, y siguió con los clásicos. Hubo topless, y la sensación de haber llegado.

Fuente: Diario Clarín
Casi veinte años le llevó a Bersuit Vergarabat llegar a River, el gran anhelo de cualquier banda que comienza en pequeñas salas y sueña con grandes estadios. Desde aquellas reuniones en La casa de las artes de la vieja Avellaneda al escenario de 40 metros en Núñez, recorrieron un largo camino, que Gustavo Cordera y su "familia psicópata" —como le gusta decir— celebraron pese al frío.

Sólo cuatro minutos después de la hora pautada y ante 66 mil personas —según la organización—, el show arrancó con imágenes del río contaminado y con De ahí soy yo. Con un Cordera que rápidamente abandonó el piyama para vestirse de compadrito, el primer set estuvo dedicado al Río de la Plata, con Negra murguera, Murguita y Desconexión sideral.

"Buenas noches. ¡Cómo creció la familia! Prendé las luces que quiero mirarlos a los ojos", saludó Cordera para dar paso al minisegmento ecológico de la noche, con Madre hay una sola y En la ribera, del último disco Testosterona.

Con El baile de la gambeta (y aquello de Para cambiar de suerte/fantaseo una jugada/hay que ahuyentar la muerte) y Cachaca llegaron las primeras ovacaciones y pogos, con Cordera acompañado por una banda que sonó bien —pese a algún desajuste en el sonido— y que demostró que se conoce a la perfección.

"Me gustaría estar más cerca de ustedes", largó Cordera. Y montó un minishow en uno de los brazos del escenario. Con una formación reducida, el Pelado cantó los temas que ya forman parten del fogón o de los cumpleaños: Mi caramelo y Un pacto. Y River se cubrió de un manto de luces de celulares, los encendedores del siglo XXI.

La versión melosa de Bersuit duró sólo un suspiro. Los últimos temas de un show de casi tres horas fueron los clásicos, esos que adoptaron las hinchadas de fútbol y se transformaron en himnos. Luego de un largo solo de guitarra de Oski Righi, llegó Yo tomo y los pogos antifrío; luego La argentinidad al palo, con una pantalla gigante que escupía frases del tipo El que apuesta al dólar pierde; La bolsa, Sr. Cobranza y Se viene, que hizo bailar hasta a los muchachos de seguridad y carritos de hamburguesas.

Sin dudas, el mejor momento para el espectador masculino fue Hociquito de ratón. Cordera hizo subir a un valiente ejército femenino, que se sacó la bufanda, pulóver, remera y... corpiño. La pantalla gigante dejó de proyectar al Pelado e hizo foco en las chicas, al ritmo de Ejército de tetas atacan la nación.

Qué pasó y El viento —con pulóveres al aire— marcaron el final de un show con sólo cuatro canciones del último disco y con una mayoría de clásicos. La imagen del final fue de Cordera y los músicos saludando al público y cantando: Ole olé, ole ole olá, de la Cabeza con Bersuit Vergarabat. Casi veinte años les llevó llegar a River. Misión cumplida.

Diego Jemio

Fuente: Diario Clarín
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